Mi primer reportaje de boda


Hace unas semanas llevé a cabo mi primer reportaje de bodas. Se casaban dos buenos amigos y como ya me dijo en una ocasión la novia “cuando me case ya sé lo que me vas a regalar: las fotos”. Y así lo hice.

Tenía carta blanca para hacer lo que quisiera y yo quería sorprenderles, quería que el reportaje no lo olvidasen nunca, que fuese algo especial. Le estuve dando vueltas a la cabeza y estrujándomela hasta que se me ocurrió con que podía dejarlos alucinados: una moto con sidecar. No fue tarea fácil encontrarla, moví cielo y tierra para ello, pero finalmente encontré lo que buscaba y encima al lado de casa.

Desde hacía tiempo tenía pensada la localización, sería en Atxondo, en el camino que comunica los barrios de Apatamonasterio y Arrazola. Un día antes del reportaje me trasladé hasta el lugar para pensar en los mejores sitios y las fotos que podría hacer. Por norma general, una sesión fotográfica suele levantar mucha curiosidad entre la gente y si a esto le añadimos una moto con sidecar, puede ser todo un espectáculo. Además ese camino, los sábados por la tarde está muy transitado por lo que nos teníamos que ubicar en una zona con menos ajetreo. Por suerte, el comienzo del camino tiene una doble bifurcación y una de ellas apenas se utiliza, así que ya estaba elegida la primera localización. En el caso de que el día de la sesión estuviéramos con público y los modelos se sintieran incómodos tenía que tener un plan B, por lo tanto me desplacé hasta el barrio de Arrazola donde también podríamos tener mucho juego a la hora de los encuadres.

Llegó el día de la sesión de fotos y la sorpresa de los novios fue la esperada “¿nos vamos a hacer las fotos con un sidecar?”. Teníamos menos de una hora para hacer uso de ella, no había tiempo que perder. Como de costumbre llevaba un papel con unas cuantas ideas redactadas para ponernos en marcha con la mayor brevedad posible.

Las fotos fueron saliendo, una tras otra, disfrutando del momento. Finalmente, llegó la hora de dejar partir la moto, pero afortunadamente ya habíamos hecho todo el trabajo. Con la mitad del reportaje realizado nos trasladamos hasta el barrio de Arrazola, deteniéndonos antes en una pequeña presa para hacer una foto de los novios en lo alto de la cascada.

Ya en nuestro último destino continuamos con una sesión de fotos más normalita, pero no por ello menos especial. El broche de oro, fue cuando les sorprendí con mi vena romántica y los coloqué bajo un arco a la luz de un corazón hecho por velas.

“No era nuestro primer reportaje delante de la cámara, hace poco tiempo habiamos probado esa misma experiencia, con el mismo fotógrafo. Es muy fácil trabajar con Javier, te explica con facilidad lo que quiere ver en la foto y tiene suma paciencia para conseguirlo. Siempre está abierto a nuevas ideas, es más, le gusta que los modelos aporten sus propias propuestas.  Se agradece que sea original, como en este caso. Cuando nos apareció con un sidecar antiguo: nos quedamos asombrados. El resultado: unas fotos originales, divertidas y muy-muy bonitas” comenta Lorena, la novia del reportaje tras la sesión y haber visto las imágenes finales.

NOTA: Más fotografías se pueden ver en mi PORTOFOLIO.

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