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Un almuerzo de altura

Una de las fotografías más reproducidas en la historia es la titulada”Lunch atop a Skyscraper” (Almorzando en lo alto de un rascacielos). Esta popular fotografía fue tomada por el fotógrafo estadounidense Charlie Clyde Ebbets. Fue parte de un reportaje que realizó para denunciar las precarias condiciones de seguridad que tenían los obreros de los rascacielos que se estaban construyendo en la zona del Rockefeller Center de Nueva York en los años 30.

La imagen fue tomada el 29 de septiembre de 1932 y no se publicó hasta el 2 de octubre en un suplemento de fotografía del diario New York Herald Tribune. La contrucción que estaban llevando a cabo estos obreros es la del edificio GE Building de 259 metros de altura y 70 pisos, hoy en día es el séptimo más alto de la ciudad.

Se comenta que la mayoría de los obreros que contruyeron los rascacielos de la ciudad norteamericana por aquellos años fueron indios americanos, los conocidos como Mohawk. Esto se debe a su gran equilibrio, preparación y costumbre, hecho que les hace moverse tranquilamente en alturas extremas sin un árnes que les pudiera salvar el pellejo en caso de un descuido.

Sin embargo, como todas las fotografías famosas es dudosa la identidad de su autor. No se confirmó que el fotógrafo fuese Ebbets hasta el reciente 2003 cuando su hija menor reconoció la fotografía diciendo que recordaba haberla visto en su infancia. Rebuscó entre los trabajos de su padre hasta que encontró una copia del artículo que se publicó en su día citando a “un intrépido fotográfo, que arriesgaba su vida en una viga de 16 cm de ancho a 69 pisos del suelo”. Junto a la noticia había una factura de trabajo en la que indicaba que cobraba 1.5$ dolares la hora. También había un negativo de cristal que mostraba a Ebbets en una viga del rascacielos con su cámara.

En estos momentos la fotografía pertenece a Corbis, una compañía de Bill Gates. Anteriormente, estuvo en poder del archivo Bettman, una colección de más de 11 millones de imágenes.

Lo más probable es que la ilustración sea un posado, en parte es lógico, no creo que estos once obreros tuvieran por costumbre sentarse en una viga en el piso 69 donde un estornudo de cualquiera de ellos podía hacer balancear el asiento peligrosamente. Pero este hecho no le quita vértigo a la imagen, aunque el encuadre tomado puede llevar a engaños, ya que no se ve lo que hay dejabo de los trabajadores, quizás hubiera suelo firme a escasos metros.

Después de tantos años, estos obreros han quedado hasta la posteridad gracias al fotógrafo Ebbets y porque hay una estatua en la ciudad que representa la imagen del fotógrafo estadounidense.

Os dejo con más fotografías del reportaje que no tienen desperdicio:

Una reproducción de la fotografía hecha con los muñecos de lego:

La historia de un beso

En el año 1945 finaliza la II Guerra Mundial tras anunciar el presidente de los EE.UU., Harry Truman, la rendición de Japón después de haber lanzado bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. La ciudadanía estadounidense conoció la noticia sobre las siete de la tarde y para manifestar su júbilo por el final de la contienda salieron a las calles de Nueva York, entre los que se encontraban marineros de la marina norteamericana que habían estado involucrados en la batalla.

Alfred Eisenstaedt, fotógrafo de la prestigiosa revista Life por aquel entonces, viendo la enorme repercusión que tendría el anunciamiento de la noticia salió con su cámara de 35 mm, la legendaria Leica M3, para inmortalizar el acontecimiento. Paseaba atento a todos los movimientos que se producían por Time Square (Nueva York) en la que había una enorme congregación de gente celebrándolo por todo lo alto.

Sus ojos se fijaron en un joven marinero que abrazaba y besaba a todas las mujeres que se cruzaran en su camino. “Luego vi a la enfermera, parada entre la gente. Me concentré en ella, y como era de esperar, el marino se le acercó, la tomó en sus brazos y la besó”, explicó el fotógrafo alemán en sus memorias. Por lo tanto, llevó su cámara al ojo, encuadró y disparó. Eisenstaedt ni siquiera se fijó en sus rostros, siguió con su cámara atento a visualizar otro momento irrepetible como el que acababa de retratar.

El 27 de agosto de 1945 la fotografía fue portada de la revista Life con el título “VJ The kiss” (Victoria sobre Japón, El beso). Dos jóvenes anónimos besándose en mitad de Time Square festejando el fin de la guerra. Viendo el resultado que estaba teniendo la fotografía y dado que a ninguno de los protagonistas se le podría reconocer fácilmente varios intentaron tener su momento de gloria. “Recibimos alegatos de varias enfermeras y docenas de marineros”, asegura Bobbi Baker Burrows, antigua editora de Life.

Sin embargo, la casualidad fue caprichosa y en ese preciso momento en el que el fotoperiodista alemán Alfred Eisenstaedt disparaba su cámara, otro fotógrafo pulso el disparador de la suya inmortalizando el mismo momento desde un ángulo distinto. Ese fotógrafo era Víctor Jorgensen que trabajaba para la marina norteamericana y su fotografía fue publicada días después en el diario New York Times, bajo el título de “Kissing the War Goodbye” (Besando el adiós de la guerra).

En 1980, la enfermera Edith Shain, reconoció ser la protagonista de la imagen enviándole una carta a Eisenstaedt y alegando que le había dado mucha vergüenza reconocerlo públicamente. “Ese día, iba del hospital a Times Square porque la Guerra había terminado. Y ese chico me agarró y nos besamos, entonces él tomó un camino y yo otro. No había forma de saber quién era, pero no me importó, porque era alguien que había luchaba por mí”, ha declarado Shain. La mujer afirma que recuerda los detalles del beso “duró unos seis o siete segundos y, aunque fue cálido, no ha sido uno de los mejores de mi vida”, según reconoció a la prensa. La enfermera murió de cáncer el 20 de junio de este año a la edad de 91 años.

El marinero anónimo
Después de haber pasado 65 años se sigue sin saber cual es la verdadera identidad del marinero. Muchos son los que han afirmado ser el personaje que se esconde tras ese beso, entre otros George Mendosa. Un comerciante de pescado que demandó a la revista Life para coger tajada. En su intento por lograr el objetivo, el ya octogenario marinero, ha recurrido a la última tecnología para demostrar que su rostro fue el fotografiado. Consiguió que científicos del Mitsubishi Electric Research Laboratories dijeran que la imagen creada en 3D con 4.000 imágenes rejuvenecidas se asemejara bastante a las del marino. A pesar de ello no lo han reconocido como el verdadero, al igual que al policía jubilado Carel Muscarello ni al veterano de guerra Glenn McDuffie.

Como homenaje al simbolismo de la fotografía, J. Seward Johnson, recreó a los personajes de la imagen en una estatua de ocho metros de altura con el nombre “Unconditional Surrender” (Rendición incondicional).

Dado que los estadounidenses son muy peliculeros, llevan conmemorando el aniversario de la fotografía desde el año 2004  recreando el beso de Times Square. La última vez ha sido este año celebrando los 65 años mediante un concurso de besos entre un marinero y una enfermera.

A pesar de todo siempre hay incertidumbres ante la autenticidad de las imágenes más simbólicas de la historia y esta no es para menos. El 23 de agosto de 1996 el diario El País sacó un reportaje poniendo en duda la historia que os acabo de contar y alegando que era una imagen preparada. Juzguen ustedes.

Jeff Mermelstein, fotógrafo urbano

Después de haberme pasado dos años detrás del visor de mi cámara todavía no me he decantado por ningún campo de la fotografía. Me he llevado alegrías y satisfacciones personales con muchos de ellos, pero quizás el que más me sorprende es: la fotografía urbana.

Ese campo tiene algo, un no se qué. Es una sensación casi de brujería, con tu cámara eres capaz de coger un pedazo de vida de otras personas y convertirlo en eterno con un sólo “click”. Puede parecer sencillo, pero cuando se te acerca la oportunidad en muchas ocasiones por cobardía dejas pasar ese momento que en tu interior sabes que nunca se volverá a repetir y que has perdido una foto para siempre. En este campo te tienes que mover por instinto y sin vergüenza. He sacado muchas fotos de este tipo y de momento nadie me ha llamado la atención por haberle retratado, muchos son los que han esquivado mi objetivo, pero nada más.

En el octavo arte ha habido grandes fotógrafos urbanos o callejeros como Henri Cartier Bresson, André Kertész, Garry Winnogrand, Walker Evans o el excéntrico Weegee. Pero de todos esos estoy seguro que hablaré en otra ocasión, en el día de hoy me apetece hablar de Jeff Mermelstein. Un fotógrafo estadounidense residente en Nueva York que ha colaborado para revistas de la talla de Life o The New York Magazine. Su manera de fotografiar es sencilla y a priori parece que no tiene ningún misterio, fotografía lo que le llama la atención. Pasea por las calles de su ciudad con su Leica analógica en la mano y dispara sin parar hasta gastar una veintena de carretes en una mañana.

Os facilito unos vídeos de un reportaje que le hizo una cadena de televisión americana sobre como trabaja. Realmente es alucinante que se atreva a ponerse a escasos centímetros de la gente a la que va a fotografiar. Después de haber visto y requetevisto los vídeos a mi lo que más me llama la atención es el descaro con el que mira a la gente que esta ante un paso de cebra dispuestos a cruzar cuando el semáforo se ponga en verde, y él se pasea ante ellos como si fuera un general pasando revista a su tropa.

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