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Puedes ser portada de revista


Cuando comienzas a ver que tu trabajo con la cámara va mejorando, que tus fotos cada vez son mejores, que tienes más seguidores, tu mente automáticamente comienza a soñar. Qué bonito sería ser fotógrafo profesional, ser reconocido mundialmente, que tus fotos las pueda ver todo el mundo, ser portada de revistas prestigiosas… Pues esto último, ¡ya es posible!

Hay una página en la que subiendo una de tus fotografías te la convierte en la portada de la revista que tú quieras en unos pocos segundos. Tienes a elegir entre más de una veintena de revistas de distintas temáticas: Life, Time, National Geographic, FHM, Interviú, Elle, Vogue, Rolling Stones… Ya puedes estar a la altura de los grandes fotógrafos publicando en las revistas más reconocidas mundialmente a lo largo de la historia de la fotografía.

¿A qué esperas? Puedes poner la tuya como portada de revista en la página de José Román “Emezetablog“, un estudiante de Ingeniería Informática de Santa Cruz de Tenerife. Además si alguna de las revistas que se te ocurre a ti no está en la lista, el autor la creará para que puedas disponer de ella.

La historia de un beso


En el año 1945 finaliza la II Guerra Mundial tras anunciar el presidente de los EE.UU., Harry Truman, la rendición de Japón después de haber lanzado bombas atómicas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki. La ciudadanía estadounidense conoció la noticia sobre las siete de la tarde y para manifestar su júbilo por el final de la contienda salieron a las calles de Nueva York, entre los que se encontraban marineros de la marina norteamericana que habían estado involucrados en la batalla.

Alfred Eisenstaedt, fotógrafo de la prestigiosa revista Life por aquel entonces, viendo la enorme repercusión que tendría el anunciamiento de la noticia salió con su cámara de 35 mm, la legendaria Leica M3, para inmortalizar el acontecimiento. Paseaba atento a todos los movimientos que se producían por Time Square (Nueva York) en la que había una enorme congregación de gente celebrándolo por todo lo alto.

Sus ojos se fijaron en un joven marinero que abrazaba y besaba a todas las mujeres que se cruzaran en su camino. “Luego vi a la enfermera, parada entre la gente. Me concentré en ella, y como era de esperar, el marino se le acercó, la tomó en sus brazos y la besó”, explicó el fotógrafo alemán en sus memorias. Por lo tanto, llevó su cámara al ojo, encuadró y disparó. Eisenstaedt ni siquiera se fijó en sus rostros, siguió con su cámara atento a visualizar otro momento irrepetible como el que acababa de retratar.

El 27 de agosto de 1945 la fotografía fue portada de la revista Life con el título VJ The kiss (Victoria sobre Japón, El beso). Dos jóvenes anónimos besándose en mitad de Time Square festejando el fin de la guerra. Viendo el resultado que estaba teniendo la fotografía y dado que a ninguno de los protagonistas se le podría reconocer fácilmente varios intentaron tener su momento de gloria. “Recibimos alegatos de varias enfermeras y docenas de marineros”, asegura Bobbi Baker Burrows, antigua editora de Life.

Sin embargo, la casualidad fue caprichosa y en ese preciso momento en el que el fotoperiodista alemán Alfred Eisenstaedt disparaba su cámara, otro fotógrafo pulso el disparador de la suya inmortalizando el mismo momento desde un ángulo distinto. Ese fotógrafo era Víctor Jorgensen que trabajaba para la marina norteamericana y su fotografía fue publicada días después en el diario New York Times, bajo el título de “Kissing the War Goodbye” (Besando el adiós de la guerra).

En 1980, la enfermera Edith Shain, reconoció ser la protagonista de la imagen enviándole una carta a Eisenstaedt y alegando que le había dado mucha vergüenza reconocerlo públicamente. “Ese día, iba del hospital a Times Square porque la Guerra había terminado. Y ese chico me agarró y nos besamos, entonces él tomó un camino y yo otro. No había forma de saber quién era, pero no me importó, porque era alguien que había luchaba por mí”, ha declarado Shain. La mujer afirma que recuerda los detalles del beso “duró unos seis o siete segundos y, aunque fue cálido, no ha sido uno de los mejores de mi vida”, según reconoció a la prensa. La enfermera murió de cáncer el 20 de junio de este año a la edad de 91 años.

El marinero anónimo
Después de haber pasado 65 años se sigue sin saber cual es la verdadera identidad del marinero. Muchos son los que han afirmado ser el personaje que se esconde tras ese beso, entre otros George Mendosa. Un comerciante de pescado que demandó a la revista Life para coger tajada. En su intento por lograr el objetivo, el ya octogenario marinero, ha recurrido a la última tecnología para demostrar que su rostro fue el fotografiado. Consiguió que científicos del Mitsubishi Electric Research Laboratories dijeran que la imagen creada en 3D con 4.000 imágenes rejuvenecidas se asemejara bastante a las del marino. A pesar de ello no lo han reconocido como el verdadero, al igual que al policía jubilado Carel Muscarello ni al veterano de guerra Glenn McDuffie.

Como homenaje al simbolismo de la fotografía, J. Seward Johnson, recreó a los personajes de la imagen en una estatua de ocho metros de altura con el nombre Unconditional Surrender (Rendición incondicional).

Dado que los estadounidenses son muy peliculeros, llevan conmemorando el aniversario de la fotografía desde el año 2004  recreando el beso de Times Square. La última vez ha sido este año celebrando los 65 años mediante un concurso de besos entre un marinero y una enfermera.

A pesar de todo siempre hay incertidumbres ante la autenticidad de las imágenes más simbólicas de la historia y esta no es para menos. El 23 de agosto de 1996 el diario El País sacó un reportaje poniendo en duda la historia que os acabo de contar y alegando que era una imagen preparada. Juzguen ustedes.

Jeff Mermelstein, fotógrafo urbano


Después de haberme pasado dos años detrás del visor de mi cámara todavía no me he decantado por ningún campo de la fotografía. Me he llevado alegrías y satisfacciones personales con muchos de ellos, pero quizás el que más me sorprende es: la fotografía urbana.

Ese campo tiene algo, un no se qué. Es una sensación casi de brujería, con tu cámara eres capaz de coger un pedazo de vida de otras personas y convertirlo en eterno con un sólo “click”. Puede parecer sencillo, pero cuando se te acerca la oportunidad en muchas ocasiones por cobardía dejas pasar ese momento que en tu interior sabes que nunca se volverá a repetir y que has perdido una foto para siempre. En este campo te tienes que mover por instinto y sin vergüenza. He sacado muchas fotos de este tipo y de momento nadie me ha llamado la atención por haberle retratado, muchos son los que han esquivado mi objetivo, pero nada más.

En el octavo arte ha habido grandes fotógrafos urbanos o callejeros como Henri Cartier Bresson, André Kertész, Garry Winnogrand, Walker Evans o el excéntrico Weegee. Pero de todos esos estoy seguro que hablaré en otra ocasión, en el día de hoy me apetece hablar de Jeff Mermelstein. Un fotógrafo estadounidense residente en Nueva York que ha colaborado para revistas de la talla de Life o The New York Magazine. Su manera de fotografiar es sencilla y a priori parece que no tiene ningún misterio, fotografía lo que le llama la atención. Pasea por las calles de su ciudad con su Leica analógica en la mano y dispara sin parar hasta gastar una veintena de carretes en una mañana.

Os facilito unos vídeos de un reportaje que le hizo una cadena de televisión americana sobre como trabaja. Realmente es alucinante que se atreva a ponerse a escasos centímetros de la gente a la que va a fotografiar. Después de haber visto y requetevisto los vídeos a mi lo que más me llama la atención es el descaro con el que mira a la gente que esta ante un paso de cebra dispuestos a cruzar cuando el semáforo se ponga en verde, y él se pasea ante ellos como si fuera un general pasando revista a su tropa.

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