El mundo analógico se va al garete
Tengo que reconocer que me gusta mucho disparar con cámaras analógicas, especialmente con mi Fed y mi Kodak, pero el mundo analógico cada vez es más caro. El pasado lunes fui a recoger tres carretes y tuve que pagar una barbaridad, menos mal que uno se había velado porque sino me hubiera gastado el presupuesto de todo un mes. No diré la cantidad por vegüenza, pero creo que con esos precios tan abusivos el mundo analógico en la fotografía tiene los días contados, como en su momento fue la televisión.
Hasta este lunes revelaba los carretes y pedía que las fotografías me las entregarán escaneadas en un CD. Sin embargo, como cada vez hay menos líquidos de revelado y son más caros para los laboratorios, también encarecen los precios para los fotógrafos de a pie, así que prácticamente he pensado utilizar mis cámaras analógicas como pisapapeles.
Lo peor de todo, lo que más me indigna, es que fijándome en los negativos y en las fotos escaneadas me doy cuenta de que lo han hecho como el culo, de que falta un buen cacho de imagen. Con esto del escaneo yo no pido calidad de imagen, no quiero una foto de millones de megapixeles, lo que quiero es poder ver la fotografía en el ordenador, pero entera, no por fascículos.
Juzguen ustedes mismos. Esta imagen fue tomada junto al puerto de San Sebastián, en la fotografía del negativo se ve claramente que aparece el monumento al Sagrado Corazón de la capital guipuzcoana, mientras que en la foto escaneada se pierde en el follaje de la colina.
Probando una “Fed 3″
En este mes de diciembre probé mi cámara telemétrica, una Fed 3 y ayer recogí los resultados. Esta cámara es una copia de la legendaria Leica M3, por lo tanto, es una máquina todo terreno.
Utiliza un carrete de 35 mm, así que me compré uno en blanco y negro. Es muy probable que tan sólo la pruebe así, es decir, dudo mucho que le ponga en alguna ocasión un carrete de color, a no ser que la diferencia en el precio sea muy cara. Poner el carrete no fue excesivamente complicado. El rollo se coloca en la parte izquierda de la cámara mientras que el negativo se engancha en la parte derecha en la ranura de un cilindro hueco.
Para utilizar esta cámara me había leído unas instrucciones que encontré en Internet. Un manual que tan sólo servía para meterme miedo: “¡no puede elegir la velocidad de obturación sin haber cargado antes la cámara con la palanca! ¡No puedes dejar la máquina cargada!” Por lo que me daba mucho reparo utilizarla, porque me decía: “a ver si la voy a romper antes de usarla”.
Finalmente, la saqué a la calle el día que fui a un museo de coches antiguos y decidí que era la ocasión ideal para probarla. Las primeras fotografías que realice fueron en interior, con poca luz así que tenía yo mis dudas de que salieran de manera satisfactoria. Después, de turismo por Balmaseda continué con mi cámara en la mano y apuntando los parámetros utilizados para cada toma.
Poco a poco iba avanzando el carrete y la cámara me iba enganchando más y más. Todo en la máquina era especial: el enfoque, el visor, el sonido, elegir la velocidad… y sobre todo la forma de echar hacia adelante el carrete con la palanca, eso es magia. Si, puede ser que este más cercano a la mecánica que a la magia, pero para mi es mágico echar hacia adelante el carrete de esa forma.
Al final llegó el momento de quitar el carrete, la película no avanzaba más. Decidí hacerlo por la noche, de esta manera habría menos probabilidad de que entrara menos luz por la ventana. Con esta cámara tienes que recoger la película otra vez en el rollo, es decir, que el negativo con cada foto tomada ha ido a la derecha y para sacarlo tienes que volverlo a recoger a la izquierda. Para ello, la cámara tiene una pequeña ruleta encima del carrete. Así que yo comencé a darle vueltas según indica la flecha, como las agujas del reloj. Cual fue mi sorpresa que había que hacer un esfuerzo sobrehumano para que aquello avanzara. Tanto que comenzaron a dolerme las yemas de los dedos. Para colmo de males, producía un sonido nada esperanzador: giiii, giiii, giiii, giiii… hasta que finalmente sonó ¡crash! El negativo se había partido por la mitad. Eso es lo que deduje.
En estos momentos de tensión, tenía que abrir la parte trasera de la cámara para ver lo que había sucedido. Sin embargo, había un inconveniente más: si lo hacía se velaba el carrete. Y de repente, en un alarde de imaginación y de espíritu de MacGyber tuve una idea, que pecando de humildad, la calificaré de brillante. En los laboratorios para revelar los carretes se utiliza una luz roja, así que aproveché la luz que emanaba mi ratón láser del ordenador, de esta manera podría ver lo que había sucedido sin que se velara. Al ver el interior comprobé que se había partido el negativo. Así que para mandarlo a revelar lo que hice fue meter los negativos en el bote del carrete junto con el rollo, en el que probablemente no habría nada.
Con la experiencia vivida no tenía muchas esperanzas de obtener resultado alguno en este primer intento, pero salió bien. Finalmente el ruido giiii, giiii lo que hizo al negativo fue romperle la parte superior, es decir, la de los característicos cuadraditos. Además las últimas fotografías tomadas se velaron. Pero por lo demás me encantó el resultado, así que volveré a repetir.
La fotografía se basa en hechos, como ya he dicho en alguna ocasión, así que procedo a enseñar parte del resultado:
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Esto es junto al puerto de Lekeitio, un puesto de pescado. La franja blanca que aparece a la derecha de la imagen ya he descubierto el motivo de su aparición. En un principio creía que era un fallo del revelado, pero hoy he estado con la cámara en las manos y he visto que al disparar la cortinilla no queda del todo cerrada, entonces entra luz por el objetivo llegando al negativo. Por lo tanto, la solución a la que he llegado es que después de disparar vuelva a accionar un poco la palanca, sin llegar a cargarla y de esta manera queda totalmente cerrada.
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Esto es en el museo de coches antiguos que hay en el Castillo Torre Loizaga. Aparte de que esta oscura la foto en la parte inferior aparacen los cuadraditos del negativo, me figuro que será porque se habrá movido un poco. Sin embargo el hecho de que queden los cuadraditos en la imagen le da un toque más antiguo a la fotografía.
Velocidad: 1/125s
El famoso puente de Balmaseda, tiene un encanto especial sacado con esta cámara.
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Cuando paseaba por Lekeitio vi al chaval que apenas llegaba a ver lo que contenía el escaparate de la tienda de juguetes y estaba mirando lo que pediría en su carta al Olentzero, mientras su abuelo le insistía para que siguiera avanzando. En cuanto la cámara hizo “click”, el niño ya no estaba.
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Esta foto me gusta tanto que ahora la tengo de fondo de escritorio. Esta sacada desde la playa de Lekeitio y lo que se ve al fondo es la villa de la mencionada localidad.
En Lekeitio con analógicas
Es curioso, estamos en el siglo XXI, en plena era digital, cuando todos los fotógrafos se compran su cámara con un montón de megapixeles y mientras tanto, mi compañero Eduardo y yo nos vamos una mañana entera a Lekeitio a fotografiar con nuestras cámaras analógicas.
El equipo que lleve yo fue la Kodak de 1915 (ya he mandado el carrete a revelar), la Fed 3 y la compacta, una Samsung WB1000, para hacer instantáneas. Mi compañero fue con una Lubitel 2 y la Nikon D40, esta última para hacer instantáneas. Es decir, que íbamos a fotografiar como se hacía antes: con un objetivo de focal fija y moverte continuamente con los pies para encontrar el encuadre deseado y de esta manera hacer la fotografía ansiada en un sólo disparo. Con estas cámaras no vale hacer “prueba-error, prueba-error”, si que puedes, pero te sale por un pico.
Tras habernos acostumbrado a salir con nuestras cámaras digitales es toda una experiencia fotografiar con las analógicas, es otra sensación. El sonido. El visor. No olvidarse de echar hacia adelante el carrete. ¡Ah, algo importante! No puedes mirar después del disparo la “pantallita” para ver que bonita te ha quedado la foto, aunque el subconsciente te juegue malas pasadas y lo sigas haciendo creyendo que la vas a ver.
Es una experiencia totalmente recomendable para todo aquel aficionado a la fotografía, disparar de vez en cuando un carrete ya sea con una cámara reflex, una compacta normalita o con una de usar y tirar. Lo importante es volver a los inicios de la fotografía y recordar las dificultades que tenía. En mi opinión, algo que ayuda cuando después coges la digital, sobre todo en el tema de elegir el encuadre.
Mi última adquisición, una “FED 3″
Desde que oí hablar de las Leica quise una, no me imaginaba que era eso del enfoque telemétrico, por más que me lo explicaban no lo entendía “miras por el visor y verás dos imágenes y cuando coincidan es que esta enfocado”. Yo me imaginaba un visor enorme, pero resulta que eso de la coincidencia es un puntito amarillo muy pequeño en el que parece que ves doble hasta que consigues enfocar, realmente curioso.
Bueno, yo quería una Leica y con lo nostálgico que soy la quería analógica, pero aún hoy en día escapan de mi presupuesto, así que cuando vi la FED 3 en ebay me fui a por ella y ya la tengo en casa. La marca alemana Leica es muy conocida porque era la que utilizaban los fotoperiodistas y los reporteros de guerra. Se ganó su prestigio en el mundo de la fotografía gracias a sus espectaculares lentes de diafragmas muy bajos y de mucha calidad.
La FED, es igual que la Zorki, una copia de la marca germana de origen ucraniano. A falta de probarla se le pueden sacar algunos inconvenientes: lo primero es su peso, más de medio kilo entre el cuerpo y el objetivo; no tienes la opción de ponerle una correa; y en mi caso el temporizador sospecho que no funciona. Pero, también tiene sus ventajas: es una cámara de 35mm, telemétrica, con un objetivo de 2.8 de máxima apertura del diafragma y de momento eso es lo que puedo decir. Cuando la pruebe ya me decantaré por si merece la pena o es un bonito pisapapeles.
Con esta nueva compra mi colección de cámaras asciende a siete. Haciendo una pequeña regla de tres… si en 2 años he conseguido 7 cámaras, con 30 años más tendré… un museo de fotografía.
















