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Exposición fotográfica de Geu Be por su 10º aniversario


Artículo salido en la portada del periódico mensual Crónicas del Duranguesado en el mes de abril.

El fotógrafo Javier Ferdo, vecino de Abadiño, estrenó el proyecto fotográfico “Palabras Sinceras” el pasado 8 de abril en la Casa de Cultura Errota de Matiena. Este trabajo, que ha realizado durante todo un año, se estrena en el 2013 con motivo del décimo aniversario de la asociación de familias con necesidades especiales de la comarca del Duranguesado, más conocida como Geu Be.

En las imágenes se muestran retratos de los miembros del grupo con una pizarra en la que han escrito una palabra que para ellos significa Geu Be y “la gritan sin alzar la voz”, asegura el fotógrafo. Además, debajo de cada imagen se puede leer un pequeño texto que nos acerca más al protagonista. En el caso de los monitores escrito por ellos mismos, pero en el de los chavales son sus padres y madres los que nos muestran sus sentimientos.

En total son 75 fotografías de chavales y monitores repartidas en 14 marcos que se expondrán por los distintos municipios de la zona hasta el 13 de mayo que llegará al Teatro San Agustín de Durango donde estará durante dos semanas, el tiempo que durará la celebración del aniversario de la asociación. Tras el festejo no se descarta que esta exposición itinerante se siga exponiendo, incluso fuera de la comarca.

De momento fue expuesta durante la semana pasada en la localidad del autor y también ha estado en Zaldibar los días 15, 16 y 17. Además hay más fechas confirmadas: el 18 y 19 de abril estará en la biblioteca de Atxondo, el domingo 28 por la mañana se expondrá en el frontón de Izurza, del 6 al 10 de mayo en la Casa de Cultura de Iurreta y por último entre el 13 y el 26 en Durango. “Esperamos que pueda recorrer todos los pueblos de la comarca antes de que llegue la celebración del décimo aniversario”, comenta Ferdo.

“Este proyecto nació como un regalo para el décimo aniversario de esta asociación, pero al final, el regalo me lo han hecho a mi por hacerme participe de esta aventura. Cada día que acudía al local para seguir con las fotos, recibía una recarga de energía increíble. Daba igual que ese día no tuviese el viento de cara, que tras acabar la sesión fotográfica, me retiraba a mi casa con una sonrisa en el rostro después de haber pasado un buen rato con la cuadrilla. Porque al final, eso es lo que es Geu Be, una cuadrilla de amigos, como otra cualquiera”, comenta Javier Ferdo.

“Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en nuestro mundo más todavía. Hay quienes tienen capacidad para expresarse utilizando grandes discursos, pero en Geu Be no somos así”, afirma José Alfaro coordinador de la asociación. “En Geu Be somos personas sencillas con deseos sencillos. Lo que para otros es rutina, para nosotros es un objetivo en la vida. Por eso no necesitamos grandes discursos, sino simplemente ver las cosas con sencillez y disfrutar de los amigos, de los pequeños momentos como este en el que nos mostramos como somos e intentamos contagiar un poco de nuestra felicidad e ilusión a todo el mundo”.

Por útlimo, cabe destacar que, además de las fotos, en Youtube colgaron el vídeo de cómo se creó el proyecto: “Palabras Sinceras – cómo se hizo” y en poco más de tres semanas casi a alcanzado las 1.000 reproducciones.

Sesión de modelos en las vías del tren


Una entrada que tenía pendiente de publicar…

No sabría decir que tienen las vías de tren, pero desde siempre había querido hacer una sesión de fotos ahí y la ocasión llegó el pasado 1 de febrero. Durante la tarde el tiempo iba a dar una tregua y no me lo pensé dos veces, preparé el equipo y fui a sacar una serie de fotos que tenía en mente desde hacia mucho tiempo.

Aproveché que hace casi dos meses soterraron el tramo de vías que pasa por mi pueblo, quería hacerlas antes de que quitarán los raíles. Un día cuando iba a montar en el tren vi que había unos camiones con operarios titilando por allí y pensé “ya me he quedado sin fotos”, pero de momento no, las vías siguen ahí.

La idea de la sesión de fotos era una chica con su equipaje y su guitarra, que ha perdido el tren, y decide ir andando hasta su destino. Una historia sencilla. Mi intención era que fueran unas fotos con un aire antiguo, tanto por la vestimenta (aunque es un poco atemporal), como por el color apastelado de la imagen. Las edité con el ordenador dándole ese toque vintage que está tan de moda y el resultado me entusiasmo: diez fotografías pensadas, diez fotografías hechas. Rara vez salen las imágenes que llevas planeadas, pero en esta ocasión sucedió. Y para más inri, al finalizar la sesión comenzó a diluviar.

hecha por Javier Ferdo

Las fotos las quise hacer con mi Bronica y con la digital. Pero a mi querida cámara analógica todavía no la controlo muy bien y coloqué mal el carrete, por lo que no salió ninguna de la imágenes. No voy a engañarme a mi mismo y decir que no me dio rabia que no salieran, pero el resultado con la digital superó mis expectativas.

Sin embargo, la anécdota fue que la gente al vernos en la estación de tren con una maleta, con la funda de la guitarra, con una mochila… es decir, con equipaje, nos decían “¡eh! ¡Que la estación ya no es esa! ¡Que por ahí no va a pasar el tren!”. Fue de agradecer la preocupación de mis vecinos, pero cuando ya lo dijeron más de tres resultaba pesado.

hecha por Javier Ferdo

Unos meses más tarde fui sorprendido al ojear la revista Foto DNG y ver en la número 79 una de mis fotografías de la serie llamada “Rock & Roll star” que había sido publicada en la sección ‘Grupo Foto DNG en Flickr‘. Son de esos pequeños detalles que tiene la vida que le alegran a uno el día.

Esta foto fue la elegida:

hecha por Javier Ferdo

Probando una Bronica ETRsi


¿Es posible enamorarse de una cámara? Porque yo estoy enamorado de mi Bronica ETRsi. Es una máquina fantástica, me tiene hechizado. Es tan distinto a disparar con una cámara a las que estoy acostumbrado que me tiene atrapado, solo pienso en sacar fotos con ella, le está entrando celos a mi equipo digital.

hecha por Javier Ferdo

Mi romance con esta preciosidad comenzó hace un mes, más o menos. Estaba visitando un mercadillo solidario y cuando me iba a ir, sin haber comprado ni tan siquiera un libro, la vi. Estaba dividida en cuatro cajas, no sé porque me llamó la atención, supongo que sería un flechazo. Reconocí al instante que era una cámara. Me acerqué y la contemplé. Nunca había visto una Bronica, pero si una Hasselblad, y sabía lo suficiente como para deducir que este tipo de máquinas no se encuentran tan a menudo con todo el equipo al completo en un lugar como estos y en tan buenas condiciones: cuerpo, visor de cintura, un visor AE III Prism Finder E, un objetivo de 75mm, otro de 150mm, un parasol, empuñadura, chasis para el carrete de 120mm y dos pilas.

Estaba perfecta. Esa cámara prácticamente no había sido usada, como mucho habría disparado un carrete a lo largo de su vida, estaba nueva y decía mi nombre. Pregunté por el precio y en un principio, sin la información necesaria, me pareció cara. Al salir de allí me informé y me quedé anonadado: ese equipo valía cuatro veces más de lo que me habían dicho. Tras meditarlo durante una noche, en la que apenas pude pegar ojo, la compré.

La he probado y fotografiar con esta máquina es totalmente distinto. Lo que me tiene enganchado es mirar por el visor de cintura, es como verlo en una pantalla. Eso sí, a la hora de encuadrar es un poco desconcertante porque lo que tú ves a la izquierda en el visor está a la derecha y cuesta hacerse a ello. Este hecho, me hace verla como una cámara con la que hay que disparar con tranquilidad, es decir, que veo que su mayor potencial está en los retratos y en los paisajes. Aunque supongo que esto también puede ser debido a mi falta de práctica, a lo mejor después de haber disparado varios carretes con ella me veo haciendo fotografía de calle.

Lo primero que hice para probarla fue montar el carrete, lógicamente. En teoría es sencillo, en el chasis tiene una flechita en la que tienes que colocar una marca del carrete. Pero como ya me pasara con mi Holga 120N dije “y si no es esta la marca”. Así que seguí avanzando hasta que fue demasiado tarde, cuando vi aparecer el 1. Esto se debe a que cada carrete es hijo de un padre y cada uno pone la referencia con un símbolo distinto y al final me lían. Después coloqué el chasis en la cámara y para que la máquina reconozca el carrete y empiece el contador de imágenes a cero tienes que darle un par de vueltas a la manivela. Este incidente supuso que las cinco primeras fotos de 15 que se pueden hacer con este chasis no salieran, bueno, más bien las cinco últimas.

Para probarla me fui a dar una vuelta por Gaztelua, uno de los barrios de Abadiño. La primera foto se la hice a la puerta de un caserío, que no sé por qué siempre me ha gustado. Al ver el resultado se me ha ocurrido que tiene su sentido que lo primero que fotografiara fuera una puerta, estaba entrando en un nuevo mundo que me proporcionaba mi nueva cámara. He de confesar que en las primeras fotografías mi inexperiencia me hizo olvidar que tiene una lupa para enfocar mejor las imágenes y cuando me acordé me lamente bastante.

hecha por Javier Ferdo

Seguí caminando y el poder de la cámara (así es como lo veo yo) hizo que pudiera hacer la siguiente fotografía. He paseado por Gaztelua una infinidad de veces, pero siempre que he pasado la parcela con la furgoneta estaba cerrada, pero en esta ocasión la Bronica hizo que los astros se alinearán para que estuviera abierta. Sin pensármelo dos veces caminé unos cuantos metros entre el barro para colocarme frente al vehículo abandonado y retratarlo mediante mi visor de cintura. Después la hice también con la compacta digital, pero no tiene el mismo encanto.

hecha por Javier Ferdo

Cuando pensé que el destino ya me había regalado esta fotografía ignoraba que me tenía otra preparada. Tras haber avanzado unos cuantos metros más, junto a un baserri abandonado había una campa en la que había cuatro ponis. Tres de ellos se colocaron junto a la valla posando para mí. Sin embargo, mi sorpresa fue mayor cuando el del medio abría la boca como si estuviera riéndose o bostezando. Al conseguir un encuadre que me gustaba esperé a que ese singular poni volviera a abrir la boca y poco antes de desistir en mi empeño se rió, como si se hubiera acordado de un buen chiste que le habían contado el día anterior, no dejé escapar la oportunidad y disparé.

hecha por Javier Ferdo

Seguí haciendo fotos con la cámara hasta realizar las 15 tomas, aunque las cinco últimas como ya he comentado no salieron. Este carrete además de mi estreno con la Bronica fue el primero que he revelado. Este año me he hecho socio de la asociación fotográfica de F-stop Durango y el compañero Alberto Agustín me enseñó el pasado jueves a revelar. Así que se puede decir que por primera vez he hecho todo el proceso de la fotografía, porque posteriormente también las “scaneé” mediante mi cámara digital y la ventana de mi habitación.

Sin lugar a dudas esta cámara se ha ganado un lugar destacado en el pódium de mi colección, ha sido el primer carrete de muchos. El único inconveniente que tiene es su terrible peso, entera anda alrededor de un kilo y medio, y eso sin la montura de agarre y el visor de ojo.

Probando esta máquina me tenía tan enganchado que antes incluso de ver los resultados había creado este blog “Mi Bronica y yo” con la intención de ir publicando en él la gran mayoría de nuestras excursiones. Es un espacio dedicado a las imágenes que iré sacando con ella, sin responder a ningún patrón ni un género, simplemente lo que vaya captando mediante ella por el visor.

Mi Bronica y yo

Homenaje a los fotógrafos minuteros en el Museo de Durango


El Museo de Durango homenajea a la fotografía minutera mediante una colección privada de fotografías de este estilo. En la muestra se pueden ver varias imágenes, pertenecientes al miembro de la asociación Gerediaga, José María Uriarte, realizadas por esta profesión casi extinguida. También se puede ver una cámara de cajón con las que se practicaba este curioso método fotográfico. La exposición estará hasta el 28 de octubre.

Este tipo de fotografía, de tener la imagen en papel casi al instante, nació porque hace no muchos años, la fotografía no estaba al alcance de cualquiera como ocurre ahora. En estos últimos años, esta técnica de obtener una imagen a través de la luz se ha vuelto algo muy cotidiano en nuestras vidas, prácticamente cualquiera puede hacer una foto, ya sea con su cámara o con un móvil.

Sin embargo, este acto tan cómodo para nosotros hoy en día, a comienzos del siglo XX era algo que solo se podían permitir unos pocos, los que tenían dinero accedían a un estudio fotográfico y quedaban inmortalizados. Pero para que todo el mundo tuviera acceso a la fotografía nacieron los fotógrafos minuteros. “Así es como se llamaba a un grupo de fotógrafos ambulantes que utilizaban una voluminosa cámara de madera, un cajón con un laboratorio portátil en su interior. Retrataban al aire libre y, tras un breve ritual, entregaban la foto revelada, fijada y lavada a sus clientes”, de esta forma comienza el libro que ha publicado el mismo dueño de las imágenes y que se podrá adquirir en el Museo.

Sobre esta profesión hay muy poca información y pocos fondos de fotografías, ”por lo que los álbumes familiares se han convertido en archivos, a pequeña escala, de estos singulares retratos”, explica en el libro. Por no haber, no hay ni un sitio exacto de donde nació la profesión, aunque se sospecha que fue en la península ibérica.

“Las imágenes que aparecen tanto en el libro, como las que se muestran en la exposición son compradas en mercadillos y en rastros. Al principio las podías comprar muy baratas, pero al ver que estaban tan cotizadas ahora les han subido el precio”, comenta Uriarte. En una de las fotografías se ve a un fotógrafo trabajando en la plaza de Ezkurdi de Durango y, en otra, a varios en una romería de San Antonio en Urkiola. Otra curiosidad sobre esta técnica, es que los mismos fotógrafos se construían sus cámaras, la que se puede ver en el Museo “es de un vecino de Abadiño que la compró en Uruguay por 2.000 pesetas”.

La exposición en el bar Doherty’s en imágenes


Ya está colocada la exposición DERECHOS en el bar Doherty’s de Matiena (Vizcaya). Estarán desde hoy martes 29 de mayo hasta el 29 de junio. Casi dos años después vuelven a exponerse en mi pueblo natal, tras haber recorrido parte de la península: Barcelona, Pamplona, Bilbao… y la más reciente, el Museo Simón Bolívar.

Sinceramente, apoyo la iniciativa de este local de exponer trabajos de diferentes artistas, ya sean fotógrafos, pintores o dibujantes. Creo que es una forma de darle vida al establecimiento ayudando a mostrar el trabajo de personas que de otra forma no lo podríamos hacer. Desde aquí, muchas gracias y que detrás de mi vengan muchos más.

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