Probando una Bronica ETRsi
¿Es posible enamorarse de una cámara? Porque yo estoy enamorado de mi Bronica ETRsi. Es una máquina fantástica, me tiene hechizado. Es tan distinto a disparar con una cámara a las que estoy acostumbrado que me tiene atrapado, solo pienso en sacar fotos con ella, le está entrando celos a mi equipo digital.
Mi romance con esta preciosidad comenzó hace un mes, más o menos. Estaba visitando un mercadillo solidario y cuando me iba a ir, sin haber comprado ni tan siquiera un libro, la vi. Estaba dividida en cuatro cajas, no sé porque me llamó la atención, supongo que sería un flechazo. Reconocí al instante que era una cámara. Me acerqué y la contemplé. Nunca había visto una Bronica, pero si una Hasselblad, y sabía lo suficiente como para deducir que este tipo de máquinas no se encuentran tan a menudo con todo el equipo al completo en un lugar como estos y en tan buenas condiciones: cuerpo, visor de cintura, un visor AE III Prism Finder E, un objetivo de 75mm, otro de 150mm, un parasol, empuñadura, chasis para el carrete de 120mm y dos pilas.
Estaba perfecta. Esa cámara prácticamente no había sido usada, como mucho habría disparado un carrete a lo largo de su vida, estaba nueva y decía mi nombre. Pregunté por el precio y en un principio, sin la información necesaria, me pareció cara. Al salir de allí me informé y me quedé anonadado: ese equipo valía cuatro veces más de lo que me habían dicho. Tras meditarlo durante una noche, en la que apenas pude pegar ojo, la compré.
La he probado y fotografiar con esta máquina es totalmente distinto. Lo que me tiene enganchado es mirar por el visor de cintura, es como verlo en una pantalla. Eso sí, a la hora de encuadrar es un poco desconcertante porque lo que tú ves a la izquierda en el visor está a la derecha y cuesta hacerse a ello. Este hecho, me hace verla como una cámara con la que hay que disparar con tranquilidad, es decir, que veo que su mayor potencial está en los retratos y en los paisajes. Aunque supongo que esto también puede ser debido a mi falta de práctica, a lo mejor después de haber disparado varios carretes con ella me veo haciendo fotografía de calle.
Lo primero que hice para probarla fue montar el carrete, lógicamente. En teoría es sencillo, en el chasis tiene una flechita en la que tienes que colocar una marca del carrete. Pero como ya me pasara con mi Holga 120N dije “y si no es esta la marca”. Así que seguí avanzando hasta que fue demasiado tarde, cuando vi aparecer el 1. Esto se debe a que cada carrete es hijo de un padre y cada uno pone la referencia con un símbolo distinto y al final me lían. Después coloqué el chasis en la cámara y para que la máquina reconozca el carrete y empiece el contador de imágenes a cero tienes que darle un par de vueltas a la manivela. Este incidente supuso que las cinco primeras fotos de 15 que se pueden hacer con este chasis no salieran, bueno, más bien las cinco últimas.
Para probarla me fui a dar una vuelta por Gaztelua, uno de los barrios de Abadiño. La primera foto se la hice a la puerta de un caserío, que no sé por qué siempre me ha gustado. Al ver el resultado se me ha ocurrido que tiene su sentido que lo primero que fotografiara fuera una puerta, estaba entrando en un nuevo mundo que me proporcionaba mi nueva cámara. He de confesar que en las primeras fotografías mi inexperiencia me hizo olvidar que tiene una lupa para enfocar mejor las imágenes y cuando me acordé me lamente bastante.
Seguí caminando y el poder de la cámara (así es como lo veo yo) hizo que pudiera hacer la siguiente fotografía. He paseado por Gaztelua una infinidad de veces, pero siempre que he pasado la parcela con la furgoneta estaba cerrada, pero en esta ocasión la Bronica hizo que los astros se alinearán para que estuviera abierta. Sin pensármelo dos veces caminé unos cuantos metros entre el barro para colocarme frente al vehículo abandonado y retratarlo mediante mi visor de cintura. Después la hice también con la compacta digital, pero no tiene el mismo encanto.
Cuando pensé que el destino ya me había regalado esta fotografía ignoraba que me tenía otra preparada. Tras haber avanzado unos cuantos metros más, junto a un baserri abandonado había una campa en la que había cuatro ponis. Tres de ellos se colocaron junto a la valla posando para mí. Sin embargo, mi sorpresa fue mayor cuando el del medio abría la boca como si estuviera riéndose o bostezando. Al conseguir un encuadre que me gustaba esperé a que ese singular poni volviera a abrir la boca y poco antes de desistir en mi empeño se rió, como si se hubiera acordado de un buen chiste que le habían contado el día anterior, no dejé escapar la oportunidad y disparé.
Seguí haciendo fotos con la cámara hasta realizar las 15 tomas, aunque las cinco últimas como ya he comentado no salieron. Este carrete además de mi estreno con la Bronica fue el primero que he revelado. Este año me he hecho socio de la asociación fotográfica de F-stop Durango y el compañero Alberto Agustín me enseñó el pasado jueves a revelar. Así que se puede decir que por primera vez he hecho todo el proceso de la fotografía, porque posteriormente también las “scaneé” mediante mi cámara digital y la ventana de mi habitación.
Sin lugar a dudas esta cámara se ha ganado un lugar destacado en el pódium de mi colección, ha sido el primer carrete de muchos. El único inconveniente que tiene es su terrible peso, entera anda alrededor de un kilo y medio, y eso sin la montura de agarre y el visor de ojo.
Probando esta máquina me tenía tan enganchado que antes incluso de ver los resultados había creado este blog “Mi Bronica y yo” con la intención de ir publicando en él la gran mayoría de nuestras excursiones. Es un espacio dedicado a las imágenes que iré sacando con ella, sin responder a ningún patrón ni un género, simplemente lo que vaya captando mediante ella por el visor.
Probando una cámara de 1915: 2ª parte
El mismo día que recogí los negativos de la “Fed 3″ también lo hice con los de la Kodak No. 2 Folding Autographic Brownie. Finalicé el carrete en mi excursión a Lekeitio, es decir, dos fotografías más, ya que con esta cámara tan sólo se pueden hacer 8 tomas con una película de 120mm. He de confesar que el resultado me sorprendió enormemente: la nitidez de las imágenes, la profundidad de campo, la claridad de las fotografías… En definitiva, que volveré a utilizarla.
En la primera parte, donde expliqué mis sensaciones a la hora de utilizar esta cámara se me olvidó comentar que tiene una aplicación, mejor dicho, una función. Dispone de una pequeña ventanita con un lápiz de metal con el que puedes escribir sobre el negativo para firmarlo. Sin duda alguna, ese era una de los mayores alicientes de la máquina, sin embargo, al ver los negativos no había rastro alguno de las firmas en las imágenes, lo que si dejaba era una franja de luz en uno de los lados de la foto. Pero esa decepción, no ha entristecido ni pizca los resultados obtenidos con esta cámara.
La fotografía se basa en hechos, como ya he dicho en alguna ocasión, así que procedo a enseñar parte del resultado:
Enfoque: 30m
Apertura: f6.3
Velocidad: 1/25s
Esta fue mi primera fotografía tomada con la Kodak. ¿Desde cuanto tiempo no habría sido utilizada? Y a pesar de ello, la máquina recordaba cual fue su función para la que la crearon.
Enfoque: 30m
Apertura: f11
Velocidad: 1/50s

Enfoque: 30m
Apertura: f11
Velocidad: 1/50s
La imagen que hay sobre este texto fue accidentalmente sobrexpuesta cuando hice la que esta a la izquierda. La primera de ellas era sacada en la playa de Lekeitio y esta segunda, en un mirador. Y al sacar la última me dije “¡Uy! Pero si en la anterior no he firmado”. Al segundo me di cuenta que ni siquiera había pasado al siguiente fotograma.
Enfoque: 2.5m
Apertura: f11
Velocidad: 1/25s
Esta imagen fue tomada en el parque de Tabira en Durango. La hice con la intención de que el banco quedara en primer plano enfocado mientras el fondo saliera desenfocado. Sin embargo, no fue el resultado que esperaba: lo más evidente es que sale torcida; segundo, el banco no aparece del todo nítido, pero las hojas que aparecen a su derecha si; y por último, el fondo sale un poco quemado.
Enfoque: 30m
Apertura: f10
Velocidad: 1/10s
Esta fotografía la tomó Eduardo Ponce, de “La mirada fotografica“, y siendo realistas, es la mejor de todo el carrete.
Viajando al pasado con las manos
Hoy he recibido un regalo muy especial, una cámara Kodak No. 2 Folding Autographic Brownie. Es una máquina antigua de medio formato que utiliza un carrete de 120mm creada entre los años 1915-1926, es decir, algo increíble. Además de la cámara también venía las instrucciones de uso y unas siglas en su funda original que me figuro que serán de su anterior amo: R.M.G.
Rápidamente en cuanto he llegado a casa me he puesto a buscar en Internet algún nombre de un fotógrafo relevante con esas siglas, y para mi sorpresa lo he encontrado. Estoy convencido de que no fue su anterior dueño, pero quiero vivir mi ilusión y pensar que esas siglas pertenecen nada más y nada menos que a Robert Mapplethorpe.
Es un fotógrafo al que no conocía y después de informarme un poco sobre su trabajo he de decir que no es santo de mi devoción, no es mi estilo.
A esta maravilla de cámara le pondré un carrete para ver si funciona, pero aseguro que mi trabajo al disparar no será parecido al de Robert Mapplethorpe. Aquí dejo un vídeo de sus fotografías, pero recomiendo ver más de este autor, hay muchas que son realmente impactantes y sorprendentes.
Probando una Holga 120N
La entrada de esta semana no podía hablar de otra cosa. El pasado lunes recogí el primer revelado de mi Holga. Quizás haya gente que desconozca este tipo de cámaras para ello os facilitó este link donde os explican en que consiste una cámara de estas características mucho mejor de lo que puedo hacerlo yo: www.lomospain.com/holga
Ahora que ya conoces un poco más este mundillo de la lomografía continúo con mi pequeña experiencia. Yo me la compré porque oí hablar de la cámara y me gusto la idea de poder experimentar con ella. Me hice con una muy barata por eBay. La cámara vino desde Hong Kong y después me pedí unos carretes de 120mm, es decir, de medio formato. La primera sensación que me llevé fue un poco de broma, ya que la caja en la que venía ponía “Toy Camera” (cámara de juguete). Y efectivamente fue cogerla en las manos y parecía de juguete, no pesaba nada. Ahí estuve un buen rato con ella en mis manos y viendo las posibilidades que me ofertaba, me corrijo, las pocas posibilidades que me daba.
En el objetivo tiene las funciones de enfoque en el que aparecen los siguientes dibujos: el busto de una persona (lo que intuyó que será para retratos), tres personas de cuerpo entero, un grupo de gente y un monte (me figuro que este último será para paisaje, es decir, que también valdría poner ahí para fotografiar una playa). Vamos, que en vez de poner los números para las distancias pone dibujitos por si te es más fácil. La mía es el modelo 120N, por lo que no tiene ni siquiera flash, tiene para ponérselo pero no lo lleva incorporado. Otro aspecto curioso de estas cámaras es que el obturador lo tienen junto al objetivo, lo que la hace un poco incómoda a la hora de disparar.
Cuando le iba a poner el carrete tenía que decidir como iba a querer las fotografías, ya que te da la opción de hacerlas en formato cuadrado o rectangular. El primer carrete que puse fue en color y para que me sacara las imágenes en rectangular.
Mi inexperiencia me hizo consultar Internet para ver como se ponía un carrete a una cámara de este tipo, ya que hacía años que no utilizaba una cámara de película y en mi vida se lo había puesto a una de medio formato. Tras varias consultas me decidí a dar el paso y ponérselo al fin. Había leído que costaba que el extremo de la película se enganchara, pero no sabía que tanto, me pase diez minutos para conseguirlo. Tras esto comencé a girar la ruleta para avanzar el carrete y aquello metía más ruido que una noria de feria oxidada.
De repente en la pequeña pantallita que te indica el número de fotos que has disparado aparecía algo, una señal desconocida, parecía una raya pequeña. Yo pensé: “esto no puede ser un 1″, así que continué echando hacia adelante la película hasta que apareció un dos bien grande. Aquí otra vez mi mente se puso a trabajar y me dije: “sino ha aparecido el 1 como va ir ya por el dos, esto es que esta haciendo una cuenta atrás y el siguiente número es el de inicio”, por lo tanto, seguí avanzando. Hasta que pude ver un hermoso y grandioso 3, entonces aquí ya fue donde dije: “seré tonto del culo, ¡acabo de perder dos fotografías!”. Ya no moví más la ruleta hasta que saqué mi primera foto. Pero no fueron las dos únicas que perdí, ya que en alguna ocasión se me olvido quitarle la tapa y después cuando vi el revelado alguna no había salido. De esta manera de las 16 fotos que podía haber hecho tan sólo tengo 10.
Mi economía no es para echar cohetes, en este caso carretes, así que tenía que pensar muy bien que fotos quería hacer. El primer disparo que hice fue en Santillana del Mar (Cantabria) y el último en Garay (Vizcaya). Después de esto lleve la película a una tienda de fotografía a que me lo revelaran. Y tuve que esperar impacientemente una semana y media para poder ver el resultado. Y tras verlo me sentí un poco decepcionado, poca saturación, poco viñeteado, hay algunas que no sabes si están movidas o desenfocadas… no se, será la inexperiencia.
Mi siguiente prueba será con un carrete en blanco y negro con formato cuadrado, retrocediendo años en la fotografía.
Esta imagen esta sacada en una de las calles de Santillana del Mar en un día gris.
Esta otra foto fue tomada en la playa de Laga (Vizcaya) en una sesion de fotos.

















