Probando un 35mm
Cuando compré mi Nikon D40 con sus dos objetivos del kit la gente me decía que me tenía que comprar un objetivo de focal fija porque eran mucho mejores. Miraba precios y me echaban atrás, consideraba que tenían un precio demasiado elevado para mi economía (y ahora también). ¡Y por fin he dado el paso!
Ahora mismo estoy inmerso en un proyecto muy importante, del que de momento prefiero no desvelar nada, y hace un par de semanas comprobé que los objetivos que tenía tienen un límite cuando hay escasa luz. Por esa razón, me decanté por un 35mm ya que se aproxima más que ninguno a mi estilo de fotografía. Quería que fuese luminoso y lo más económico posible, así que finalmente adquirí el AF-S DX Nikkor 35mm f/1.8 G. Lo compré mediante amazong, que hace bien poco entró en España, así que lo inauguré por todo lo alto.
En cuanto llegó a casa, se lo puse a mi cámara y lo probé. Ayer estuve por una zona muy recomendable de Vizcaya que yo desconocía, “Puerto Viejo” en Algorta, probando el objetivo, aunque también realicé alguna que otra foto. Todavía no he conseguido adaptarme a él, pero creo que le voy a sacar mucho partido a esta lente. Lo más curioso es el hecho de que a la hora de fotografiar te tienes que desplazar con los pies porque no hay zoom que valga, entonces elegir el encuadre es primordial.
A continuación os dejo algunas fotografías de muestra:
Probando una “pinhole”
Vivimos en el siglo XXI, la tecnología ha avanzado tanto que ya no nos sorprende. Hemos llegado a tal punto que sacar una foto y poder verla al instante en la misma cámara nos parece lo más normal del mundo. Disparamos a nuestro antojo, a diestro y siniestro, aunque luego eliminemos la gran mayoría de las imágenes. Y sólo con ver el resultado en la pantalla sabemos en que hemos fallado. Sin embargo, hubo un tiempo en el que la fotografía no era así…
Hace algunos años, digamos en los comienzos de la fotografía, cogían una caja y realizaban un agujero por el que pasaba la luz reflejándose en una superficie fotosensible. De esta manera, comenzaron a hacerse las primeras fotografías. Esto se llamaba la “cámara oscura”. Al principio se utilizaba para pintar, es decir, se captaba un lugar y el pintor llevaba la imagen a su casa para pintarlo más cómodamente y sin tener que pasar varias horas en el sitio que quería inmortalizar. Pero poco a poco fue evolucionando al ver el potencial que tenía hasta llegar a nuestros días.
Pues eso es lo que hice unos días atrás: probar una “pinhole” (cámara oscura). La que yo utilice era lo que viene siendo una caja de cartón prensado pequeñita en forma de cubo, 6x6cm, con una pequeña tapa enganchada en uno de sus extremos para que sea más cómodo el descubrir y cubrir el agujero. La verdad es que te sientes un poco ridículo utilizando una caja para fotografiar, pero hay que reconocer
que tiene su encanto.
Lo primero que tienes que hacer es ponerle un papel en el lado opuesto al agujero con el lado fotosensible hacia la apertura. A no ser que lo quieras hacer en penumbras es recomendable hacerlo con una luz roja como única iluminación, de esta manera el papel no se velará. A continuación, tienes que cerrar la caja para que no entre ni una pizca de luz en ella.
Después toca elegir el sitio o lo que quieras fotografiar. Yo como prueba de mi primera fotografía elegí una regadera encima de una pequeña silla. La tomé en la terraza para aprovechar la luz del día nuboso. No recuerdo bien, pero creo que tuve el agujero de la caja abierto durante 45 segundos.
Tras realizar la fotografía toca hacer el trabajo de laboratorio, sin duda alguna lo más curioso para un fotógrafo del siglo XXI como yo. Te encierras en el cuarto oscuro, en mi caso en el baño, y como única fuente de luz una bombilla roja con la que tienes que revelar la fotografía tomada. La sacas con cuidado de no plantar los dedos en el papel y la depositas en una pequeña bandeja en la que has echado un poco de líquido revelador mezclado con agua. Para calcular la cantidad utilice el tapón del bote del líquido, así que eche una de revelador por ocho de agua, es decir, el suficiente como para cubrir el papel.
Mientras transcurren los segundos, observas como la fotografía poco a poco va mostrándose y apareciendo como si de magia se tratara. Cuando ves que ha cogido el tono que querías la coges con unas pinzas, con cuidado de no tocar el líquido, y la echas a otra bandeja con la misma cantidad, pero en esta ocasión el ingrediente sorpresa es el fijador. En este recipiente la tienes que dejar más tiempo para que la imagen sea fijada en el papel. Dos minutos después la vuelves a trasladar a la última de las bandejas llena de agua que sirve para limpiar el papel de los líquidos tóxicos utilizados. Al cabo de un rato la sacas con la intención de secarla y poder observar cómodamente el resultado.
En mi caso el revelado era en blanco y negro, y lo curioso es que la fotografía sale como si estuviera vista en un espejo, es decir, lo que se veía a la izquierda sale a la derecha y viceversa. Esto debe a que lo que has sacado es el negativo, pero con ayuda de un scanner y el photoshop se puede hacer el positivado para ver la imagen como realmente es. La fotografía deja mucho que desear, pero para buscar la perfección ya tengo mi cámara digital.
NEGATIVO
POSITIVO
Mi conclusión después de haber vivido esta experiencia es que me parece curioso que nos sorprenda más como se hacía antes a como se hace ahora.
Esta entrada ha sido gracias a que mi compañero, Eduardo Ponce, de “La Mirada Fotográfica” me prestó su “pinhole” para realizar la prueba.
Probando una cámara de 1915: 2ª parte
El mismo día que recogí los negativos de la “Fed 3″ también lo hice con los de la Kodak No. 2 Folding Autographic Brownie. Finalicé el carrete en mi excursión a Lekeitio, es decir, dos fotografías más, ya que con esta cámara tan sólo se pueden hacer 8 tomas con una película de 120mm. He de confesar que el resultado me sorprendió enormemente: la nitidez de las imágenes, la profundidad de campo, la claridad de las fotografías… En definitiva, que volveré a utilizarla.
En la primera parte, donde expliqué mis sensaciones a la hora de utilizar esta cámara se me olvidó comentar que tiene una aplicación, mejor dicho, una función. Dispone de una pequeña ventanita con un lápiz de metal con el que puedes escribir sobre el negativo para firmarlo. Sin duda alguna, ese era una de los mayores alicientes de la máquina, sin embargo, al ver los negativos no había rastro alguno de las firmas en las imágenes. Pero esa decepción, no ha entristecido ni pizca los resultados obtenidos con esta cámara.
La fotografía se basa en hechos, como ya he dicho en alguna ocasión, así que procedo a enseñar parte del resultado:
Apertura: f6.3
Velocidad: 1/25s
Esta fue mi primera fotografía tomada con la Kodak. ¿Desde cuanto tiempo no habría sido utilizada? Y a pesar de ello, la máquina recordaba cual fue su función para la que la crearon.
Enfoque: 30m
Apertura: f11
Velocidad: 1/50s

Enfoque: 30m
Apertura: f11
Velocidad: 1/50s
La imagen que hay sobre este texto fue accidentalmente sobrexpuesta cuando hice la que esta a la izquierda. La primera de ellas era sacada en la playa de Lekeitio y esta segunda, en un mirador. Y al sacar la última me dije “¡Uy! Pero si en la anterior no he firmado”. Al segundo me di cuenta que ni siquiera había pasado al siguiente fotograma.
Enfoque: 2.5m
Apertura: f11
Velocidad: 1/25s
Esta imagen fue tomada en el parque de Tabira en Durango. La hice con la intención de que el banco quedara en primer plano enfocado mientras el fondo saliera desenfocado. Sin embargo, no fue el resultado que esperaba: lo más evidente es que sale torcida; segundo, el banco no aparece del todo nítido, pero las hojas que aparecen a su derecha si; y por último, el fondo sale un poco quemado.
Enfoque: 30m
Apertura: f10
Velocidad: 1/10s
Esta fotografía la tomó Eduardo Ponce, de “La mirada fotografica.com“, y siendo realistas, es la mejor de todo el carrete.
Probando una “Fed 3″
En este mes de diciembre probé mi cámara telemétrica, una Fed 3 y ayer recogí los resultados. Esta cámara es una copia de la legendaria Leica M3, por lo tanto, es una máquina todo terreno.
Utiliza un carrete de 35 mm, así que me compré uno en blanco y negro. Es muy probable que tan sólo la pruebe así, es decir, dudo mucho que le ponga en alguna ocasión un carrete de color, a no ser que la diferencia en el precio sea muy cara. Poner el carrete no fue excesivamente complicado. El rollo se coloca en la parte izquierda de la cámara mientras que el negativo se engancha en la parte derecha en la ranura de un cilindro hueco.
Para utilizar esta cámara me había leído unas instrucciones que encontré en Internet. Un manual que tan sólo servía para meterme miedo: “¡no puede elegir la velocidad de obturación sin haber cargado antes la cámara con la palanca! ¡No puedes dejar la máquina cargada!” Por lo que me daba mucho reparo utilizarla, porque me decía: “a ver si la voy a romper antes de usarla”.
Finalmente, la saqué a la calle el día que fui a un museo de coches antiguos y decidí que era la ocasión ideal para probarla. Las primeras fotografías que realice fueron en interior, con poca luz así que tenía yo mis dudas de que salieran de manera satisfactoria. Después, de turismo por Balmaseda continué con mi cámara en la mano y apuntando los parámetros utilizados para cada toma.
Poco a poco iba avanzando el carrete y la cámara me iba enganchando más y más. Todo en la máquina era especial: el enfoque, el visor, el sonido, elegir la velocidad… y sobre todo la forma de echar hacia adelante el carrete con la palanca, eso es magia. Si, puede ser que este más cercano a la mecánica que a la magia, pero para mi es mágico echar hacia adelante el carrete de esa forma.
Al final llegó el momento de quitar el carrete, la película no avanzaba más. Decidí hacerlo por la noche, de esta manera habría menos probabilidad de que entrara menos luz por la ventana. Con esta cámara tienes que recoger la película otra vez en el rollo, es decir, que el negativo con cada foto tomada ha ido a la derecha y para sacarlo tienes que volverlo a recoger a la izquierda. Para ello, la cámara tiene una pequeña ruleta encima del carrete. Así que yo comencé a darle vueltas según indica la flecha, como las agujas del reloj. Cual fue mi sorpresa que había que hacer un esfuerzo sobrehumano para que aquello avanzara. Tanto que comenzaron a dolerme las yemas de los dedos. Para colmo de males, producía un sonido nada esperanzador: giiii, giiii, giiii, giiii… hasta que finalmente sonó ¡crash! El negativo se había partido por la mitad. Eso es lo que deduje.
En estos momentos de tensión, tenía que abrir la parte trasera de la cámara para ver lo que había sucedido. Sin embargo, había un inconveniente más: si lo hacía se velaba el carrete. Y de repente, en un alarde de imaginación y de espíritu de MacGyber tuve una idea, que pecando de humildad, la calificaré de brillante. En los laboratorios para revelar los carretes se utiliza una luz roja, así que aproveché la luz que emanaba mi ratón láser del ordenador, de esta manera podría ver lo que había sucedido sin que se velara. Al ver el interior comprobé que se había partido el negativo. Así que para mandarlo a revelar lo que hice fue meter los negativos en el bote del carrete junto con el rollo, en el que probablemente no habría nada.
Con la experiencia vivida no tenía muchas esperanzas de obtener resultado alguno en este primer intento, pero salió bien. Finalmente el ruido giiii, giiii lo que hizo al negativo fue romperle la parte superior, es decir, la de los característicos cuadraditos. Además las últimas fotografías tomadas se velaron. Pero por lo demás me encantó el resultado, así que volveré a repetir.
La fotografía se basa en hechos, como ya he dicho en alguna ocasión, así que procedo a enseñar parte del resultado:
Velocidad: 1/125s
Esto es junto al puerto de Lekeitio, un puesto de pescado. La franja blanca que aparece a la derecha de la imagen ya he descubierto el motivo de su aparición. En un principio creía que era un fallo del revelado, pero hoy he estado con la cámara en las manos y he visto que al disparar la cortinilla no queda del todo cerrada, entonces entra luz por el objetivo llegando al negativo. Por lo tanto, la solución a la que he llegado es que después de disparar vuelva a accionar un poco la palanca, sin llegar a cargarla y de esta manera queda totalmente cerrada.
Velocidad: 1/60s
Esto es en el museo de coches antiguos que hay en el Castillo Torre Loizaga. Aparte de que esta oscura la foto en la parte inferior aparacen los cuadraditos del negativo, me figuro que será porque se habrá movido un poco. Sin emgargo, el hecho de que queden los cuadraditos en la imagen le da un toque más antiguo a la fotografía.
Velocidad: 1/125s
El famoso puente de Balmaseda, tiene un encanto especial sacado con esta cámara.
Velocidad: 1/125s
Cuando paseaba por Lekeitio vi al chaval que apenas llegaba a ver lo que contenía el escaparate de la tienda de juguetes y estaba mirando lo que pediría en su carta al Olentzero, mientras su abuelo le insistía para que siguiera avanzando. En cuanto la cámara hizo “click”, el niño ya no estaba.
Velocidad: 1/125s
Esta foto me gusta tanto que ahora la tengo de fondo de escritorio. Esta sacada desde la playa de Lekeitio y lo que se ve al fondo es la villa de la mencionada localidad.
Probando una cámara de 1915
Hace ya cinco meses que me habían regalado una Kodak No. 2 Folding Autographic Brownie y todavía no la había probado. Entre una cosa y otra lo había ido dejando, pero finalmente ayer llegó el día.
Lo primero fue montar el carrete. Para ello tarde nada más y nada menos que media hora. No fue sencillo porque tenía que enganchar las dos bobinas, cada una en un extremo sin olvidarme del carrete. Es decir, que el papel estuviese hacia el lado de la “ventanita” roja donde vas viendo según avanzas el carrete cuantas fotos te quedan. Finalmente lo conseguí y al avanzar el carrete visualice el número 1, por lo que deduje que lo había montado bien.
Tras haber superado el primer capítulo quedaba el segundo, probarla. Para ello empleé la mañana del domingo, en compañía de mi compañero de “La mirada fotográfica”, Eduardo Ponce. Nuestro destino fue Durango donde paseamos por el casco viejo de la villa. La primera fotografía que realice fue junto al río Mañaria en el puente que comunica la parte antigua con el teatro San Agustín.
Coloqué mi trípode, saqué la cámara y la fijé sobre él. Es el momento en el que comienzas a intuir como hacer la fotografía. Con las cámaras de hoy en día es mucho más sencillo porque al ver el resultado ya sabes en que has fallado: más velocidad, menos apertura, un poco de sobrexposición… pero con las cámaras analógicas no. Por lo tanto, empecé a realizar mis cábalas. Lo más sencillo de decidir en esta máquina es el enfoque, tan sólo hay tres posiciones: 2.5, 8 o 30 metros. Así que opte por el número más alto. Después de esto tienes que pensar en la apertura del diafragma y la velocidad del disparo. Fijándome en la luz que había a esas horas disparé con una apertura de F6.3 (lo más abierto) y una velocidad de 1/25 de segundo.
Para disparar la foto, la cámara dispone de una pequeña palanquita que incita a que la máquina se mueva o una pequeña abertura donde colocar un cable disparador. Decidí realizar la primera fotografía con él, pero el “palito” que sale para accionar la captura se quedaba extendido, es decir, que me daba la sensación de que se quedaba enganchado en la cámara. Por lo que me dio por pensar que a lo mejor dejo el diafragma abierto durante el tiempo que yo tardaba en retirar el cable, entonces posiblemente salga mal. Esto no lo pude poner en práctica antes de poner el carrete porque el cable es de mi compañero Eduardo y no se me ocurrió hacerlo antes.
También es digno de destacar cuando llega la hora de elegir el encuadre. No tienes un pequeño agujero en el que poner el ojo guiñando el otro. Esta cámara tiene un visor de cristal esmerilizado encima del objetivo con el tamaño de un centímetro cuadrado en el que tienes que ver, mejor dicho, tienes que intuir el encuadre que tú deseas. Y por si eso fuera poco, ves la imagen como si fuera el reflejo de un espejo, es decir, lo que ves a la izquierda en el visor, en la realidad está a la derecha.
En definitiva, toda una experiencia. Poco a poco fui haciendo fotos hasta llegar a disparar la cámara de 1915 en seis ocasiones. Las dos primeras las realice con el cable y viendo que las dos veces pasó lo mismo no arriesgue en las siguientes exposiciones pasando a bajar la palanca con la mano, temiendo que la cámara tuviera una pequeña turbulencia.
Después de esto sólo quiero acabar el carrete para ver el resultado, si es que funciona. Esta es la verdadera magia de la fotografía no poder ver el resultado de tu trabajo hasta que lleves el carrete a revelar. ¿Se vera algo?






















