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Thomas J. Abercrombie, fotógrafo

Woman draped in red chadri carries goldfinches in a cage on her head (Mujer vestida de rojo lleva jilgueros en una jaula sobre la cabeza), en Kabul (Afganistán) 1968

En una ocasión ojeando un libro de fotógrafos de la revista National Geographic, me encontré con la fotografía que encabeza esta entrada y me impactó al primer golpe de vista. Estuve mirándola durante un largo periodo de tiempo, con la mirada fija en ella. Algo que en los tiempos que corren cada vez consiguen hacerlo menos imágenes, porque estamos tan acostumbrados a ver tantas fotos a lo largo del día mediante Internet que al final las miramos sin llegarnos a fijar en ellas. Hay veces que me sorprendo a mi mismo viendo fotografías en las que no me detengo ni lo que dura un parpadeo.

Sin embargo, esta fotografía consiguió capturarme. Me impresionaba su sencillez, pero sobretodo el mensaje que transmitía. Hablaba por si misma, que digo hablaba, gritaba hasta quedarse ronca.

A raíz de eso comencé a interesarme por el autor, Thomas J. Abercrombie, y me ha gustado tanto su obra como sus anécdotas recorriendo el mundo y retratándolo.

Orígenes

Nació el 13 de agosto de 1930 en Stillwater, Minnesota (EE.UU.). Le pico el gusanillo de la fotografía cuando tenía 15 años  y su hermano mayor se había comprado una Leica en Italia. Se la pidió prestada para hacer un dibujo de ella y se construyó su propia cámara de espejos con una lente reciclada y unos pedazos de plástico. Su primera foto fue a su novia Lynn, con la que compartió toda su vida y que también fue fotógrafa.

Así es como entró en el mundo de la fotografía y poco a poco se fue haciendo su sitio hasta llegar a la National Geographic (1956). Revista con la que trabajó durante casi 40 años en los que hizo 43 artículos, 16 de ellos sobre el mundo musulmán, su gran pasión. Este oficio le llevó a recorrer todos los continentes, a dominar cinco idiomas (alemán, árabe, español, francés e inglés), aprendió a pilotar aviones y barcos, fue el primer reportero civil que estuvo en el Polo Sur y el primer periodista occidental al que le permitieron cubrir la peregrinación a La Meca y además, estuvo cerca de la muerte en más ocasiones de las que quería contar.

Anécdotas

En todos esos viajes recorriendo el mundo pudo llegar a juntar varias anécdotas de lo más inverosímiles. Por ejemplo, a finales de la década de los 60 mientras atravesaba un paso de montaña en Afganistán fue arrojado por su caballo y quedó colgado sobre un abismo mediante el talón al estribo. Unos años antes, en Cambolya, se encontraba en medio de una multitud furiosa deseosa de romper cualquier extremidad a un hombre americano y se las ingenio para convencerlos de que era francés. Y una de las hazañas médicas más legendarias de Abercrombie fue que en una ocasión amputó los dedos de los pies gangrenosos a un peregrino en el Tíbet con una simple navaja de bolsillo.

También cabe destacar que mediante sus viajes puso los pelos de punta a su superiores al ver las cuentas de sus gastos, ya que compraba cosas tan dispares como una oveja o una cabra para regalársela a unos beduinos; un avión ligero del modelo Cessna 185 para volar alrededor de Alaska; o dos fusiles AK-47 como “seguro del coche”, según su informe de gastos de Yemen. Sin embargo, a la hora de la comodidad era más bien austero, ya que solía tener un gasto medio diario de 17,54 dólares para comida y hoteles.

Mundo Islam

Su primer destino con National Geographic fue el Líbano cuando nunca había salido al extranjero, pero eso no le amedrentó. Consiguió que el presidente del país le recibiera en su casa y que le dejará fotografiarlo a él junto a su esposa en la comodidad de su hogar. Fue la primera vez que estuvo en Oriente Medio, pero no la única ya que regresó para recorrer casi todos los países de la zona.

Esto le sirvió para convertirse en el experto de la revista sobre el mundo árabe. Su devoción por el trabajo y por las ganas de informarse le llevó a leerse el Corán en árabe y se convirtió en musulmán, haciéndose llamar Omar en aquellas regiones. Además realizó cuatro peregrinaciones a La Meca tomando las primeras fotografías de la ciudad hecha para el mundo occidental.

En una ocasión, en Arabia, viajaba con su esposa Lynn cuando un jeque local le ofreció 30 camellos por ella. Tom respondió que no, que él quería 50 a cambio. Finalmente, el árabe rechazó el trueque y cuando el fotógrafo recordaba esta anécdota decía: “¿y qué haría yo con 50 camellos?”.

Retiro

En 1993, se jubiló y abandonó la revista que tantas alegrías le había dado. En su retiro comenzó a impartir clases de geografía en la Universidad George Washington y se adentró en el mundo de la astronomía, estudiaba las estrellas desde el patio de su casa todas las noches. Así fue hasta que el 3 de abril del 2006 en Baltimore, fue sometido a una operación de corazón abierto en la que se complicaron las cosas y falleció a los 75 años de edad.

Nota: Galería de Thomas J. Abercrombie para National Geographic.

Fotógrafos solidarios con Lorca

Hay veces que el mundo no está plagado de malas noticias. Una que me ha emocionado estos días es la que llevaron a cabo los fotógrafos de la Asociación de Artes Visuales y Fotográficas de Elche (Afelx) con los habitantes de Lorca (Murcia), que fueron víctimas del terremoto hace siete meses.

Los vecinos de esta localidad tuvieron que salir con lo puesto dejando en sus hogares  sus posesiones y sus recuerdos, ¿y que mejor recuerdo que una fotografía? Pues las imágenes de toda una vida quedaron atrapadas entre los escombros. Ahora los fotógrafos de la asociación de Elche, dentro del programa Help-Portrait, han realizado unas sesiones de estudio gratuitas con esas personas para comenzar un álbum nuevo con fotografías familiares y de esta manera poder pasar página.

Sin duda alguna, es una iniciativa para quitarse el sombrero.

Vía: Diario Información

Citas fotográficas

“La cámara fotográfica es un instrumento que enseña a la gente como ver sin una cámara fotográfica”, Dorothea Lange.

“El fotógrafo crea, desarrolla una visión mejor, más selectiva, más aguda mirando cada vez más detalladamente lo que sucede en el mundo”, Man Ray.

“Puede ser un engaño para el fotógrafo pensar que sus mejores fotos son las que más le costó conseguir”, Timothy Allen.

“Reunir doce fotos buenas en un año es una buena cosecha”, Ansel Adams.

“La belleza está presente en todas las cosas. Ver y componer esa belleza es lo que separa una captura de la fotografía”, Matt Hardy.

“No puedes depender de tus ojos si tu imaginación está fuera de foco”, Mark Twain.

“Siempre he pensado que una buena foto es como un buen chiste. Si tienes que explicarla, no es tan buena”, Anónimo.

“Si veía algo a través de mi visor que me resultaba familiar, hacía algo para cambiarlo”, Garry Winogrand.

“Hay dos personas en cada fotografía: el fotógrafo y el espectador”, Ansel Adams.

“No pasa nada cuando estas sentado en casa. Siempre intento llevar una cámara conmigo… y disparo lo que me interesa en ese momento”, Elliott Erwitt.

Estuve en GetxoPhoto

El pasado sábado estuve en Algorta pasando la tarde y me sorprendió que todavía permanecieran las exposiciones de GetxoPhoto, creí que ya había acabado. De esta forma, pude ver los últimos coletazos de esta iniciativa a favor de la fotografía. Era la primera vez que estaba por allí, había oído hablar de ello pero nunca había tenido la ocasión de verlo con mis propios ojos.

La edición de este año estaba bajo el nombre de “Elogio a la vejez” y en distintos lugares de Getxo podías encontrar diferentes exposiciones de fotógrafos actuales. Tuve la oportunidad de ver seis trabajos distintos y dos me sorprendieron enormemente, me gustaron mucho. La primera que vi fue la de Sacha Goldberger (Francia), una serie de imágenes llamada “Super Mamika” realizadas por el fotógrafo a su abuela Frederika de 92 años que sobrevivió al holocausto y migró a Francia después de la guerra. Con las fotos muestra que la vejez puede ser divertida, disfraza a su abuela de super-heroína y se la ve realizando actividades normales como pasear al perro o lavar la ropa, pero todo ello disfrazada y con mucho sentido del humor.

Otro trabajo que me enganchó por su mensaje fue el de la fotógrafa Kaylynn Deveney (EE.UU.) con su trabajo “The day to day life of Albert Hastings” (El día a día de la vida de Albert Hastings). Mostraba una serie de fotografías en las que retrataba a un anciano, con el que compartía vecindario en el norte de Gales, realizando sus actividades cotidianas. A esto hay que añadir que el hombre redactó, con su puño y letra, diferentes notas explicando lo que estaba haciendo en cada una de las imágenes.

También tengo que decir que otras exposiciones no me aportaron gran cosa. Dejo aquí algunas de las fotografías que realice.

Como mejorar el reportaje fotográfico

En las pasadas vacaciones de verano, cuando paseaba por un mercado en Talavera de la Reina (Toledo), me compré un libro de fotografía titulado “El Reportaje Fotográfico” editado en el lejano 1976. Puede parecer un paso atrás al ser tan antiguo, pero yo no lo veo así, ya que puede aportarme conceptos y consejos que quizás sean novedosos para mi, ¿quién sabe? De momento con leer la introducción ya me ha atrapado. Es un pequeño texto con el que estoy totalmente de acuerdo, así que he decidido plasmarlo en mi blog para compartirlo con todo el que pase por aquí.

“Cuando este libro entraba en prensa, un redactor fue casualmente a dar un paseo con uno de los más grandes reporteros gráficos, Alfred Eisenstaedt. Los dos hombres anduvieron varios kilómetros a través del bosque y junto a la playa. Eisenstaedt iba cargado con un pesado estuche que contenía dos cámaras y varios objetivos; el redactor llevaba las manos vacías. La luz no era interesante aquel día y Eisenstaedt no tomó ninguna fotografía. Sin embargo, estaba preparado, como siempre. A lo largo de 40 años y muchos cientos de kilómetros ha llevado constantemente una cámara y ha tomado un sinfín de memorables fotografías, muchas de ellas por azar. El redactor – que rara vez lleva una cámara, excepto cuando decide “salir a tomar fotografías” – posee un cierto número de fotografías memorables, pero una inmensa colección de oportunidades desaprovechadas.

Muchos aficionados poseen las habilidades técnicas y la imaginación de los profesionales, además de disponer del equipo necesario. Pero no toman fotografías tan buenas. Ello se debe en gran parte a un modo distinto de enfocar la práctica de la fotografía. El profesional debe vender sus fotografías. Por tanto, piensa en ellas continuamente. Si es reportero gráfico, tiende a juzgarlas en su conjunto, como partes de un tema más amplio, teniendo siempre en cuenta cómo y dónde pueden ser publicadas. 

Esta diferencia de enfoque distingue en último término al profesional. Le obliga a pensar como un redactor, a preguntarse si lo que ha encuadrado en su visor es realmente una fotografía “útil”, si contribuye a relatar una historia, a establecer un estado de ánimo, a captar el punto culminante de un suceso. En suma, el esfuerzo de pensar como un profesional le enseña a sacar el máximo partido de lo que acontece a su alrededor. El reportaje fotográfico consiste, pues, en realizar historias fotográficas a partir de determinados sucesos y del impacto que éstos causan en la gente.

Esta disciplina profesional puede mejorar la obra de todo fotógrafo, puesto que aunque a veces resulta difícil de aplicar, no es difícil de aprender y en líneas generales resulta sencilla. En primer lugar, haga lo que Alfred Eisenstaedt: lleve consigo una cámara. Segundo, vaya a donde ocurra la acción. Las grandes fotografías periodísticas del primer capítulo de este libro fueron tomadas por personas que de algún modo estaban presentes en el lugar donde sucedían cosas. Tal vez sólo tenga oportunidad de ver una puesta de sol, pero si sorprende al fotógrafo con las manos vacías, no podrá plasmarla. Tercero, procure que las fotos individuales creen una historia de múltiples fotografías y anticípese a los hechos a fin de desarrollar tales historias. Cuarto, sea riguroso con los resultados aplicando los criterios del redactor y del encargado de la publicidad que consumen fotografías. Deseche las fotografías que no tengan calidad o resulten insulsas. Haga una selección minuciosa, especialmente si se trata de ofrecer una proyección de diapositivas en color (pero no ignore las que ha desechado, ya que le enseñarán cómo trabajar más eficazmente). El fotógrafo que siga estos consejos estará practicando la especialidad del reportaje fotográfico, aunque no tenga conciencia de ello. Y esta práctica le conducirá a ser mejor fotógrafo.”

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